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    2/15/2007

    NOCHE

    Como nos perdemos, pero seguimos rodando y rodando en algún lugar… vos me seguís ayudando en ese paso de abrirme hasta el infinito y no asfixiarme, eres un carrusel saturado de imágenes y movimientos que me atraen y envuelven en mil formas, ya no  te recuerdo solo te llevo conmigo…

     
    Reloj de arena

    febrero 15

    Te quiero y odio a intervalos sin ninguna opción y divago por mis calles buscando esa huella que perdí en la noche. Con espías y un humo denso que viaja lenta y sinuosamente me pierdo en palabras no pronunciadas. En mis ojos ocultos se proyecta tu imagen que va perdiendo luminosidad con el pasar de la arena; te vas ocultando poco a poco mientras aparezco del otro lado en un espejo de cristal que no miente, surjo en medio del dolor  y con un poco de sangre en mis huesos para ver la cara oculta que buscaba en el espacio de tus palabras.

    Ya no te quiero

    Un viento helado que me paraliza, me dice que no te dibuje mas, que invoque tu olvido. Pero es inútil tu imagen traspasa todos mis deseos. Voy a cruzar la calle esperando no verte mas, voy a cerrar puertas y ventanas buscando apartar toda ilusión efímera.

    La vida se ha complicado, el aire esta apretado y el tiempo a iniciado su cuenta regresiva. Tu mano me alcanza para recordarte, pero no creas que me basta la infiel memoria tan llena de olvido. Si he de quererte te quiero cerca de mis ojos a todas horas. Para no deformarte con el paso del tiempo y de mis fabulaciones.

    Ya no te quiero, me lo repito y son solo mis palabras las que creen su mentira. 

    El eco ausente

     

    ¿Cuando volverás de ese día en que te sellaron los ojos?

    Estoy vacía. Quisiera hablar, hablar pero no puedo. Escribo cartas tratando de escribirme lo que no te escribo. Aparecen imposibles imágenes y una gran libertad desconocida… Ella es tan dulce, tan fuerte, tan triste... Tiradora de dardos fallidos

    te siento más lejana que toda la distancia que separa a todos los hombres, muda para toda palabra mía que nace de ti… Hemos hablado toda la noche, no has estado, déjame recordarte lo que no me has dicho… la hoja en blanco es mi piel sin ti, mi mano escribe en los lugares en que faltas… Otro tren que parte y no me ve pasar, me voy sin ti en mí, me voy sin irme, no me llevo nada, no desemboco a ningún lugar ... Todos los días te leo en una página que no existe…

     

    7/10/2006

    ...

    Noviembre 15

    Un viento helado que me paraliza, me dice que no te dibuje mas, que invoque tu olvido. Pero es inútil tu imagen traspasa todos mis deseos. Voy a cruzar la calle esperando no verte mas, voy a cerrar puertas y ventanas buscando apartar toda ilusión efímera.

    La vida se ha complicado, el aire esta apretado y el tiempo a iniciado su cuenta regresiva. Tu mano me alcanza para recordarte, pero no creas que me basta la infiel memoria tan llena de olvido. Si he de quererte te quiero cerca de mis ojos a todas horas. Para no deformarte con el paso del tiempo y de mis fabulaciones.

    Ya no te quiero, me lo repito y son solo mis palabras las que creen su mentira. 

     

    Noviembre 6

    ¿Cuando volveras de ese dia en que te sellaron los ojos?

    Estoy vacía.

    Quisiera hablar, hablar pero no puedo,

    No puedo ya conmigo.

    Una mujer que busco, que no existe,

    Que existe a todas horas dormida

     

    Escribo cartas tratando de escribirme lo que no te escribo

     

    Imposibles imágenes y una gran libertad desconocida

     

    Es tan dulce, tan fuerte, tan triste

     

    Tiradora de dardos fallidos

     

    Te siento mas lejana que toda la distancia que separa a todos los hombres,

    Muda para toda palabra mía que nace de ti

     

    Hemos hablado toda la noche, no has estado

    Déjame recordarte lo que no me has dicho

     

    La hoja en blanco es mi piel sin ti,

    Mi mano escribe en los lugares en que faltas

     

    Otro tren que parte y no me ve pasar

     

    Me voy sin ti en mi, me voy sin irme

    No me llevo nada, no desemboco a ningún lugar

    Todos los días te leo en una página que no existe

     

    La rayuela: El único lugar en el que la tierra y el cielo se unen.

    Se trata de tirar una piedrita y dar en el blanco, que seria cada una de las casillas que ascienden hasta llegar al cielo.

    Y ella se quedaba como detenida en el tiempo, esperando lo que buscaba sin buscar. Invocaba recuerdos y construía finísimas telarañas, mientras sus ojos recorrían lo que no miraban. Se apartaba de todos los relojes inútilmente, sabiendo que su corazón le marcaba sin descanso el paso del tiempo. Algo perdía en cada segundo.

    Las cartas: numerosos papelitos idénticos de tamaño, llenos de números y pintas dibujadas de blanco y negro. Amigas de los amigos del azar y de las tardes y noches sedentarias, untadas de humo y licor.

    Jugábamos cartas por horas y horas, no necesariamente porque nos gustara tanto como para extenderlo en el tiempo de eso modo, es solo que nos gustaba entretener el tiempo, nos gustaba tener algo para jugar mientras se escapaba una que otra palabra, queja, nostalgia o ensoñación, también estaba de trasfondo esa complicidad mutua de no sentirnos como se debe, de sentirnos como extrañadas y  pensando siempre en otro lugar, en un viaje a Buenos Aires o al otro mundo. Cada tres o cuatro juegos íbamos por cualquier bebida oscura y, entre carta y carta casi siempre el humo en medio de las dos y las cartas, humo que a veces venia de su lado y otras del mió pero casi siempre de las dos.

    La noche siempre se terminaba justo cuando mas la necesitabamos. 

    Necesito un desencuentro para no encontrarte continuamente en mi memoria.

    No hay peor adios que el que no se nombra.

    Odio cuando el silencio se apodera de la palabra.

    Lo que me gustaría ser a mi sino fuera lo que soy:

    Siempre que biene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una bívora como las del solójico, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío, que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de lenia, la falta de petrolio y tamién la falta de plata, porque cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprastijio humano, y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni más ni meno que si  fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias, pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral. ¡Y ojalá que lo que estoy escribiendolé sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!

     

    Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor

     

    A la Maga le hubiera pasado lo mismo, es incapaz de perseverar, no tiene el menor sentido de las distancias, el tiempo se le hace trizas en las manos, anda a los tropezones con el mundo. Gracias a lo cual, te lo digo de paso, es absolutamente perfecta en su manera de denunciar la falsa perfección de los demás.

     

    Lo propio del sofista, según Aristófanes, es inventar razones nuevas.

    Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad.

    Analizo una vez más esta conclusión, de raíz pascaliana: la verdadera creencia está entre la superstición y el libertinaje.

     

    6/29/2006

    They move me

     

    • La mala educación, Pedro Almodovar
    • Hable con ella, Pedro Almodovar
    • Todo sobre mi madre, Pedro Almodovar
    • Carne tremula, Pedro Almodovar
    • Atame, Pedro Almodovar
    • Cinema paraíso, Tornatore  Giuseppe
    • The hours, Stephen Daldry
    • El crimen del padre Amaro, Carlos Carrera
    • The blue car, Karen Moncrieff
    • The butterfly effect, Eric Bress
    • The constant Gardener, Fernando Mairelles
    • Abre los ojos, Alejandro Amenabar
    • Mar adentro, Alejandro Amenábar
    • Tesis, Alejandro Amenabar
    • Forrest gump, Robert Zemeckis
    • Clockwork orange, Stanley Kubrick
    • Requiem for a dream, Darren Aronofsky
    • Kill Bill, Quentin Tarantino
    • Pulp fiction, Quentin Tarantino
    • Life is beautiful, Roberto Benigni
    • The never ending store, Wolfgang Petersen
    • American beauty, Sam Mendes
    • Amelie, Jean Pierre Jeunet
    • Amor  eterno, Jean Pierre Jeunet
    • Lost in Translation, Sofia Coppola
    • The virgin suicides, Sofia Coppola
    • The Godfather, Sofia Coppola
    • Schindler's List, Steven Spielberg
    • El color Purpura, Steven Spielberg
    • Philadelphia, Jonathan Demme
    • Sin City, Frank Miller's
    • Tango feroz: la leyenda de tanguito, Marcelo Pineyro
    • Caballos salvajes, Marcelo Pineyro
    • Caricies, Pons Ventura
    • Dancer in the dark, Lars von Trier
    • Everything you always wanted to know about sex, Woody Allen
    • Manhattan, Woody Allen
    • Radio Days,  Woody Allen
    • The purple rose of Cairo, Woody Allen
    • Annie Hall, Woody Allen
    • La lengua de las mariposas, José Luis Cuerda
    • Los peores años de nuestra vida, Emilio Martínez Lázaro
    • My left foot, Jim Sheridan
    • Y tu mama tambien, Alfonso Cuaron
    • When the night is falling, Patricia Rozema
    • A beatiful mind, Howard Ron
    • The life of David Gale, Alan Parker
    • Tomates verdes fritos, Jon Avnet
    • Three Colors Trilogy (Blue / White / Red), Krzysztof Kieslowski
    • Los niños del cielo, Majid Majidi
    • El hijo de la novia, Juan José Campanella

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

       

    6/28/2006

    Memorables

    • Rayuela, Julio Cortazar
    • Historias de cronopios y famas, Julio Cortazar
    • Deshoras, Julio Cortazar
    • Modelo para armar, Julio Cortazar
    • Cuentos, Julio Cortazar
    • La noche boca arriba, Julio Cortazar
    • Todos los fuegos el fuego, Julio Cortazar
    • Un tal Lucas, Julio Cortazar
    • Libro del Desasosiego, Fernando Pessoa
    • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
    • El coronel no tiene quien le escriba
    • El amor en tiempos de cólera
    • Absorto escuchando el cercano canto de sirenas, Elkin Restrepo
    • Retrato de artistas, Elkin Restrepo
    • Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar
    • Alexis o el tratado del inútil combate, Marguerite Yourcenar
    • Mishima o la visión del vació, Marguerite yourcenar
    • Demian, Hermann Hesse
    • El lobo estepario, Hermann Hesse
    • La montaña mágica, Thomas Man
    • La ultima inocencia, Alejandra Pizarnik
    • Las aventuras perdidas, Alejandra Pizarnik
    • Árbol de Diana, Alejandra Pizarnik
    • Los trabajos y las noches, Alejandra Pizarnik
    • Extracción de la piedra de la locura, Alejandra Pizarnik
    • Antología poética, Jaime Sabines
    • Languidez, Alfonsina Storni
    • Recados para hoy y para mañana, Gabriela Mistral
    • Poesías completas, Arthur Rimbaud
    • Viaje a pie, Fernando Gonzales
    • Mi Simón Bolívar, Fernando Gonzales
    • Prosas para leer en la silla eléctrica, Gonzalo Arango
    • Pensamiento vivo,  Gonzalo Arango
    • El remordimiento, Fernando Gonzales
    • Borges y yo, Jorge Luís Borges
    • Funes el memorioso, Jorge Luís Borges
    • Las ruinas circulares, Jorge Luís Borges
    • La biblioteca de Babel, Jorge Luís Borges
    • Obra completas, Jorge Luís Borges
    • Selección poética, Jorge Luís Borges
    • 20 poemas de amor y una canción desperada, Pablo Neruda
    • Hojas de hierba, Walt Whitman
    • Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
    • Momo, Michael Ende
    • La mujer rota, Simon de Beauvior
    • Orlando, Virginia Wolf
    • Cuentos Completos, Edgar Allan Poe
    • El túnel, Ernesto Sabato

     

     

     

     

     

     

    Fragmentos

    Lo miraba vivir. Mi opinión sobre el se modificaba de continuo, cosa que solo sucede con aquellos seres que nos tocan de cerca; a los demás nos contentamos con juzgarlos en general y de una vez por toda.

     

    Nada es más lento que el verdadero nacimiento de un hombre

     

    Pero aun la dedicatoria más extensa es una manera bastante incompleta y trivial de honrar una amistad fuera de lo común. Cuando trato de definir ese bien que me ha sido dado desde hace años, advierto que un privilegio semejante, por raro que sea, no puede ser único; que debe existir alguien, siquiera en el trasfondo, en la aventura de un libro bien llevado o en la vida de un escritor feliz, alguien que no deje pasar la frase inexacta o floja que no cambiamos por pereza; alguien que tome por nosotros los gruesos volúmenes de los anaqueles de una biblioteca para que encontremos alguna indicación útil y que se obstine en seguir consultándolos cuando ya hayamos renunciado a ello; alguien que nos apoye, nos aliente, a veces que nos oponga algo; alguien que comparta con nosotros, con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra, ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por si mismo; alguien que nos deje en completa libertad y que nos obligue, sin embargo, a ser plenamente lo que somos.

     

    Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya esta aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas.

                                                                           Marguerite Yourcenar

    Che

    Yo tuve un hermano.

    No nos virnos nunca
    pero no importaba.

    Yo tuve un hermano
    que iba por los montes
    mientras yo dormía.
    Lo quise a mi modo,
    le tomé su voz
    libre como el agua,
    caminé de a ratos
    cerca de su sombra.

    No nos vimos nunca
    pero no importaba,
    mi hermano despierto
    mientras yo dormía,
    mi hermano mostrándome
    detrás de la noche
    su estrella elegida.

                             J.C.

     

    La conciencia de la edad no la dan los calendarios sino lo que logramos hacer y descubrir. Es como el movimiento que no lo genera la velocidad sino el espacio recorrido, la conciencia de los detalles y las conexiones de lo visto con lo vivido. Por eso hay cosas que se mueven sin sentido. Y vidas que son como esas cosas y al fin quedan clasificadas dentro de lo que estorba.

     

    … eso quizás es el juego en el que estamos comprometidos, en saber que estamos detrás de nosotros mismos… porque la vida, además de lo que pasa, es lo que pudo pasar. Es decir tenemos un doble que hace otras cosas, que nos llama y a la vez nos pone obstáculos para que no lo encontremos. Y ese doble quizás sea el que esta vivo porque carece de edad y nosotros los que vamos agotando el tiempo que hace doble no le hace falta.

     

    … uno es el agua de la sed que tiene, el silencio que calla nuestra lengua, el pan, la sal, y la amorosa urgencia de aire movido en cada célula.

                                                                                    J.S.

     

    … es un temor de algo, de cualquier cosa, de todo se amanece con miedo. El miedo anda bajo la piel, recorre el cuerpo como una culebra. No se quisiera hablar, mirar, moverse. Se es frágil como una lamina de aire. Vecino de la muerte a todas horas, hay que cerrar los ojos defenderse. Se esta enfermo de miedo como de paludismo, se muere de soledad como de tisis. Alguien se refugia en las pequeñas cosas, los libros, el café, las amistades, busca paz en la mujer, reposa en la esperanza, pero no puede huir es imposible: Amarrado a sus huesos, atado a su morir como a su vida. Ha de aprender con llanto y alegría, ha de permanecer con los ojos abiertos en el agua espesa de la noche hasta que el día llegue a morderle las pupilas. El día le dará temores, sueños, alucinadas luces y caricias. No sabrá preguntar. No ha de querer morirse.

                                                                                                   J.S.

     

    No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o de creer o de hacer lo que le de la gana, yo quiero solo enseñar, dar a conocer, mostrar, no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¿Quién es quien para decir “esto es así”, si la historia de la humanidad no es más que uno historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?).

    Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte. “La vejez, la enfermedad y la muerte”, de Buda, no son mas que la muerte, y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.

    Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre revive del mejor modo posible¡).

    Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.

    No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.

                                                                                                                         J.S.

     

    Nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultaneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.

                                                                                                                                    J.C.

    Un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo y el pez vuelve a estar contento.

                                        J.C.

     

    Un hombre es siempre mas que un hombre y siempre menos que un hombre, mas que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñara a los niños la primera frase de un blues, etcétera, etcétera.

                                                                                                              J.C.

     

    Todavía no tiene nada detrás de los ojos. Como los pájaros que comen las migas que uno les tira. Te miran, las comen, se vuelan… no queda nada.

                                                                                                  J.C.

     

    La soledad del hombre junto al hombre, la irrisoria comedia de los saludos, el perdón al cruzarse en las escaleras, el asiento que se sede a las señoras en el metro, la confraternidad en la política y los deportes. Solo un optimismo biológico y sexual podría disimularle a algunos su insularidad.

                                                                       J.C.

     

    Cuando estaba yo en mi causa primera, no tenia a Dios…; me quería a mi mismo y no quería nada mas; era lo que quería, y quería lo que era, y estaba libre de Dios y de todas las cosas… por eso suplicamos a Dios que nos libre de Dios, y que concibamos la verdad y gocemos eternamente de ella, allí donde los ángeles supremos, la mosca y el alma son semejantes, allí donde yo estaba y donde quería eso que era y era eso que quería.

                                                       J.C.

     

    Para leer en forma interrogativa

     

    Has visto

    Verdaderamente has visto

    La nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa

    Has tocado

    De verdad has tocado

    El plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás

    Has vivido

    Como un golpe en la frente

    El instante, el jadeo, la caída, la fuga

    Has sabido

    Con cada poro de la piel sabido

    Que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón

    Había que tirarlos

    Había que llorarlos

    Había que inventarlos otra vez.

                                                   J.C.

    Vení a dormir conmigo:

    No haremos el amor, el nos hará.

                                                    J.C.

     

    Son ciertas las memorias

    Y la soledad

    La vida es cierta

    Y el olor a lluvia

    Todos estos días son ciertos

    Es cierto el pez (como no lo dije antes)

    Y el deseo de cambiar las cosas

    Entrar en los cafés es cierto

    Y salir al mundo

    Agarrarse de el un solo instante.

                                Miguel Barnet, Todos estos días.

     

    El que se va se lleva su memoria,

    su modo de ser río, de ser aire,

    de ser adiós y nunca.

     

    Hasta que un día otro lo para, lo detiene

    y lo reduce a voz, a piel, a superficie

    ofrecida, entregada, mientras dentro de si

    la oculta soledad aguarda y tiembla.

                                            Rosario Castellanos, Amor.

     

    Luchamos por fijar nuestro anhelo,

    como si hubiera alguien, más fuerte que nosotros,

    que tuviera en memoria nuestro olvido.

                                        Luís Cernuda, Himno a la tristeza.

     

    Quiero llorar porque me da la

    gana,

    como lloran los niños del

    último banco,

    porque yo no soy un poeta, ni

    un hombre, ni una hoja,

    pero sí un pulso herido que

    ronda las cosas del otro

    lado.

      Federico García Lorca, Poema doble del lago Edem.

     

    Date a volar

    Anda, date a volar, hazte una abeja,
    En el jardín florecen amapolas,
    Y el néctar fino colma las corolas;
    Mañana el alma tuya estará vieja.

    Anda, suelta a volar, hazte paloma,
    Recorre el bosque y picotea granos,
    Come migajas en distintas manos
    La pulpa muerde de fragante poma.

    Anda, date a volar, sé golondrina,
    Busca la playa de los soles de oro,
    Gusta la primavera y su tesoro,
    La primavera es única y divina.

    Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
    Anda, camina por el mundo, sabe;
    Dispuesta sobre el mar está tu nave:
    Date a bogar hacia el mejor encanto.

    Corre, camina más, es poco aquéllo...
    Aún quedan cosas que tu mano anhela,
    Corre, camina, gira, sube y vuela:
    Gústalo todo porque todo es bello.

    Echa a volar... mi amor no te detiene,
    ¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
    Llore mi vida... el corazón se apene...
    Date a volar, Amor, yo te comprendo.

    Callada el alma... el corazón partido,
    Suelto tus alas... ve... pero te espero.
    ¿Cómo traerás el corazón, viajero?
    Tendré piedad de un corazón vencido.

    Para que tanta sed bebiendo cures
    Hay numerosas sendas para tí...
    Pero se hace la noche; no te apures...
    Todas traen a mí...

                       Alfonsina Storni

    Noche

     

    Tal vez esta noche no es noche,
    debe ser un sol horrendo, o

    lo otro, o cualquier cosa...

    ¡Qué sé yo! ¡Faltan palabras,

    falta candor, falta poesía

    cuando la sangre llora y llora!

     

    ¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

    Si sólo me fuera dado palpar

    las sombras, oir pasos,

    decir «buenas noches» a cualquiera

    que pasease su perro,

    miraría la luna, dijera su

    extraña lactescencia, tropezaría

    con piedras al azar, como se hace.

     

    Pero hay algo que rompe la piel,

    una ciega furia

    que corre por mis venas.

    ¡Quiero salir! Cancerbero del alma:

    ¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!

     

    ¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

    Aún quedan ensueños rezagados.

    ¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces!

    ¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?

    La muerte está lejana. No me mira.

    ¡Tanta vida Señor!

    ¿Para qué tanta vida?

     

    Solamente

     

    Yo comprendo la verdad

    estalla en mis deseos

    y en mis desdichas
    en mis desencuentros
    en mis desequilibrios
    en mis delirios

    ya comprendo la verdad

    ahora
    a buscar la vida

                 Alejandra Pizarnik.

     

    17

     

    Desde que las últimas lluvias han dejado el cielo y se han quedado en la tierra -ciclo limpio, tierra húmeda y brillante- la claridad mayor de la vida que como el azul ha vuelto a lo alto, y en la frescura de haber habido agua se ha alegrado abajo, ha dejado un cielo propio en las almas, una frescura suya en los corazones.

     Somos, por poco que lo queramos, siervos del tiempo y de sus colores y formas, súbditos del cielo y de la tierra. Aquel de nosotros que más se embreñe en sí mismo, despreciando lo que le rodea, ese mismo no se embreña por los mismos caminos cuando llueve que cuando el cielo está sereno. Oscuras transmutaciones, sentidas tal vez sólo en lo íntimo de los sentimientos abstractos, se producen porque llueve o porque ha dejado de llover, se sienten sin que se sientan porque, sin sentir, se ha sentido al tiempo.

     Cada uno de nosotros es varios, es muchos, es una prolijidad de si mismos. Por eso, aquel que desprecia al ambiente no es el mismo que por él se alegra o padece. En la vasta colonia de nuestro ser hay gente de muchas especies, pensando y sintiendo de manera diferente. En este mismo momento, en que escribo, en un intervalo legítimo del hoy escaso trabajo, estas pocas palabras de impresión, soy yo quien las escribe atentamente, soy yo el que está contento de no tener que trabajar en este momento, soy yo el que está viendo el cielo allá fuera, invisible desde aquí, soy yo el que está pensando todo esto, soy yo el que siente al cuerpo contento y a las manos vagamente frías. Y todo este mundo mío de gente ajena entre sí proyecta, como una multitud diversa pero compacta, una sombra única –este cuerpo quieto y escribiente con que me reclino, de pie, contra el escritorio alto de Borges, donde he venido a buscar mi secante, que le había prestado.

                                         

    36

     

    ENCOGIMIENTO DE HOMBROS

     

    Damos comúnmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido: si llamamos a la muerte un sueño es porque parece un sueño por fuera; si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece una cosa diferente a la vida. Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices.

      Pero así es toda la vida; así, por lo menos, es ese sistema de vida particular al que, en general, se llama civilización. La civilización consiste en dar a algo un nombre que no le compete, y después soñar sobre el resultado. Y, realmente, el nombre falso y el sueño verdadero crean una nueva realidad. El objeto se vuelve realmente otro. Manufacturamos ideales. La materia prima sigue siendo la misma, pero la forma, que el arte le ha dado, la aleja de continuar siendo efectivamente la misma. Una mesa de pino es pino pero también es mesa. Nos sentamos a la mesa y no al pino. Un amor es un instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento. Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento.

      No sé qué efecto sutil de luz, o ruido vago, o memoria de perfume o música, tañida por no sé qué influencia externa, me ha traído de repente, en pleno ir por la calle, estas divagaciones que anoto sin prisa, al sentarme, en el café, distraídamente. No sé a dónde iba a conducir los pensamientos, o dónde preferiría conducirlos. El día es de una leve niebla húmeda y caliente, triste sin amenazas, monótono sin razón. Me duele un sentimiento que desconozco; me falta un argumento no sé sobre qué; no tengo deseo en los nervios. Estoy triste por debajo de la conciencia. Y escribo estas líneas, realmente mal-anotadas, no para decir esto, ni para decir nada, sino para dar un trabajo a mi distracción. Voy llenando lentamente, a trazos flojos de lápiz -que no tengo sentimentalismo para afilar- el papel blanco de envolver los bocadillos que me han dado en el café, porque no necesitaba uno mejor y cualquiera servía, siempre que fuese blanco. Y me doy por satisfecho. Me reclino. La tarde cae monótona y sin lluvia, con un tono de luz desalentado e inseguro... Y dejo de escribir porque dejo de escribir.

       

    89

     

    Doblaron la curva del camino y eran muchas jóvenes. Venían cantando por la carretera, y el sonido de sus voces era felices. Ellas, no sé lo que serían. Las escuché un rato de lejos, sin sentimiento propio. Una amargura por ellas me sintió en el corazón.

     ¿Por su futuro? ¿Por su inconsciencia? No directamente por ellas o, ¿quién sabe?, tal vez tan sólo por mí.

     

    116

     

    Me levanto de la silla con un esfuerzo monstruoso, pero tengo la impresión de que me la llevo conmigo, y que es más pesada, porque es la silla de la subjetividad.

     

    122

     

    Cuanto más alta la sensibilidad, y más sutil la capacidad de sentir, tanto más absurdamente vibra y se estremece con las cosas pequeñas. Es necesaria una gran inteligencia para sentir angustia ante un día oscuro. La humanidad, que es poco sensible, no se angustia con el tiempo, porque siempre hace tiempo; no siente la lluvia sino cuando le cae encima.

      El día empañado y lánguido escalda húmedamente. Solo en la oficina, paso revista a mi vida, y lo que veo en ella es como el día que me oprime y me aflige. Me veo niño contento por nada, adolescente que aspira a todo, adulto sin alegría ni aspiración. Y todo esto ha sucedido en la languidez y en lo empañado, como el día que me lo hace ver o recordar.

    ¿Cuál de nosotros puede, volviéndose en el camino en el que no hay regreso, decir lo que ha seguido como debía haberlo seguido?

     

    149

     

    Ningún problema tiene solución. Ninguno de nosotros desata el nudo gordiano; todos nosotros o desistimos o lo cortamos. Decidimos bruscamente, con el sentimiento, los problemas de la inteligencia, y lo hacemos o por cansancio de pensar, o por timidez de sacar conclusiones, o por la necesidad absurda de encontrar un apoyo, o por el impulso gregario de regresar a los demás y a la vida.

     Como nunca podemos conocer todos los datos de una cuestión, nunca podemos resolverla.

     Para llegar a la verdad nos faltan datos suficientes, y procesos intelectuales que agoten la interpretación de esos datos.

     

    155

     

    Todo es absurdo. Éste dedica la vida a ganar un dinero que guarda, y no tiene hijos a quien dejarlo ni la esperanza de que un cielo le reserve una trascendencia de ese dinero. Aquél dedica su esfuerzo a conseguir fama, para después de muerto, y no cree en esa supervivencia que le haría conocer su fama. Este otro se consume por conseguir cosas que en realidad no le gustan. Más adelante hay uno que (...).

      Uno lee para saber, inútilmente. Otro se divierte para vivir, inútilmente.

      Voy en un tranvía, y voy fijándome lentamente, de acuerdo con mi costumbre, en todos los detalles de las personas que van delante de mí. Para mí, los detalles son cosas, voces, frases. En este vestido de muchacha que va frente a mí, descompongo el vestido en la tela de que se compone, el trabajo con que lo han hecho -pues lo veo como vestido y no como tela- y el bordado leve que rodea a la parte que da la vuelta al cuello se me separa de un torzal de seda, con el que se lo bordó, y el trabajo que fue bordarlo. E inmediatamente, como en un libro elemental de economía política, se desdoblan ante mí las fábricas y los trabajos: la fábrica donde se hizo el tejido; la fábrica donde se hizo el tonal, de un tono más oscuro, con el que se orla de cositas retorcidas su sitio junto al cuello; y veo las secciones de las fábricas, las máquinas, los obreros, las modistas; mis ojos vueltos hacia dentro penetran en las oficinas, veo a los gerentes procurar estar sosegados, sigo, en los libros, la contabilidad de todo esto; pero no es sólo eso: veo, hacia allá, las vidas domésticas de los que viven su vida social en esas fábricas y en esas oficinas... Todo el mundo se despliega ante mis ojos sólo porque tengo ante mí, debajo de un cuello moreno, que al otro lado               tiene no sé qué cara, un orlar irregular verde oscuro sobre el verde claro de un vestido.

    Toda la vida social yace ante mis ojos. Más allá de esto, presiento los amores, las intimidades, el alma, de todos cuantos  trabajan para que esta mujer esté delante de mi en el tranvía, lleve, en torno a su cuello mortal, la trivialidad sinuosa de un torzal de seda verde oscura tejido verde menos oscuro.Me aturdo. Los asientos del tranvía, de un entrelazado de paja fuerte y menuda, me llevan a regiones distantes, se me multiplican en industrias, obreros, casas de obreros, vidas, realidades, todo. Salgo del tranvía agotado y sonámbulo. He vivido la vida entera.

     

    209

     

    Dios me creó para niño, y me dejó siempre niño. ¿Pero por qué dejó que la vida me maltratase y me quitase los juguetes, y me dejase solo en el recreo, estrujando con unas manos tan débiles el delantal azul sucio de lágrimas incesantes? Si yo no podía vivir sino acariciado, ¿por qué echaron fuera a mi cariño? Ah, cada vez que veo en la calle a un niño llorando, un niño exiliado de los otros, me duele más que la tristeza del niño en el horror desprevenido de mí corazón exhausto. Me duelo con toda la estatura de la vida sentida, y son mías las manos que retuercen el borde del delantal, son mías las bocas torcidas por las lágrimas verdaderas, es mía la debilidad, es mía la soledad, y las risas de la vida adulta que pasa me gastan como luces de fósforos frotados en el tejido sensible de mi corazón.

                                                                  Fernando Pessoa, El libro del desasosiego.

    Mis desatinos

     

    Te robare del mundo

     

    Te robare del mundo, nos perderemos en nosotros si me encuentras, si me ves en tus ojos, si me escuchas en mi ausencia, si adivinas mi caminar cansado, desesperado e incierto, si me sientes en tu piel que apenas toco en instantes de agonía. Nos perderemos amor en todas partes, cada minuto, para ver todo separado de nosotros y en nosotros, para despertarnos cada noche con un suspiro tembloroso, sentirnos y dormirnos.

     

    Me gusta

     

    Me gusta el misterio de la piel, los libros viejos, la noche en silencio, el amor que callo, mi memoria en una canción, el café y el cigarrillo, las hojas, la guitarra, los cuentos cortos, una conversación sin olvido, los ojos que ven, me gusta encontrarme en un libro o buscarme con la mano.

     

    El libro

     

    Un libro ya esta escrito en mis días,

    ese libro le pertenece a los testigos de mi camino.

    Pero sobretodo a esos otros que como tu, no conocieron

    ese gesto o palabra negadas, que debían

    resonar como el viento y se durmieron en la espera

    de la tan protegida soledad e indeseable cobardía.

     

    Sin lugar

     

    Extasiarme en una nada y llorar sin saber porque.

     

    Andan desnudos como si todo el cuerpo fuera la cara.

     

    Quiero hablar lo que hablo, escribir lo que escribo, amar lo que amo.

     

    Un calendario en el que cada día contenga todos los anteriores

     

    Un espacio en el que se congreguen todos los lugares que uno ha frecuentado

     

    Los sueños

     

    Es una voz fuerte que grita al fondo de un pozo, en la superficie se reúnen un grupo grande de voces, hijas de la primera pero ajenas a sus palabras.

     

    La mayor intimidad de un hombre se encuentra en sus sueños, allí donde se acaba la voz de la vigilia se empieza a desarrollar una trama increíble que no tiene barreras de tiempo ni de espacio y que nos recoge y desnuda en un solo momento. Por eso toda intimidad es solitaria y se encuentra enmarcada en un mundo de contradicciones cuando se la mira desde afuera.

     

    Cada noche acudo a la película que quiero ver y que inútilmente, mas que cualquier otra  trato de transmitir.

     

    El centro

     

    Nadie en el centro camina acompañado, nadie se da cuenta del combate en que va metido entre tráficos, carros y peatones que se mueven como siendo perseguidos. Y así también va la gente corriendo por nada, porque si, porque hay que llegar a tiempo o porque el tren que los trae y lleva todos los días al mismo lugar va a partir sin ellos, como si no fueran ellos los que todos los días parten de si.

     

    Gato sonámbulo

     

    Ese gato asustadizo que paso furtivo por mi frente cuando ya todos duermen y que me saca de ese orden de recolección de sucesos de noche en silencio, parece el dueño de todo cuando se desplaza ininterrumpidamente de casa en casa.

     

    Hoja, lápiz, mano y voz

     

    El papel en blanco nos ofrece todas las posibilidades, nada en el es mas que el mismo; apertura siempre insinuante, que nos invita a recorrerlo. Escribir es manifestar algo y ocultar todo lo demás.

     

    Alguien, algo me ha pedido que le escriba, que le escriba para poder nombrarlo.

    Alguien me ha dibujado olvidando mirarme.

    Busco en mi, en objetos y personas una imagen similar, es inútil siempre surgen en un sentir que no sabe manifestarse.

     

    Todavía no le he perdido el respeto a la hoja en blanco, a las letras; me siento junto a un gran basurero, para deshacerme de lo que mi instinto  o mi obstinada razón no se animan a materializar. Tal vez el verdadero escrito, el que he estado buscando viaje ahora por toda la ciudad, por una calle, un río , un desagüe, una alcantarilla , o se encuentre estático, formando  parte de esas tan reales y tristísimas montañas de residuos, mientras yo creo tener a salvo en cada libreta que recorro la síntesis perfecta de lo quería nombrar.

     

    La riqueza de las personas se descubre y confirma en los libros, con cada uno de los personajes que estos nos ofrecen. Leer nos da la posibilidad de recrear a los otros y a nosotros mismos. Nos trae a la conciencia eso que no podemos nombrar, que sospechamos y siempre se nos esta escapando.

     

    Soy como la que no escucha y esta llena de voces. Soy la que escribe lo que no piensa y piensa como escribirlo. La que roza la emoción que se escapa. A la que le falta un segundo en cada minuto para sentirse cierta. Soy cúmulo de impresiones, de asombro ya olvidado. Soy tejedora de figuras inciertas, de palabras que embarcan en un no lugar.

     

    Escrutinio esas voces posadas desde hace años en mi, voces a veces que como huéspedes indeseados habitan un espacio a fuerza de haber perdido las llaves.

    A veces me limito el vivir y el sentir porque pienso que no se puede ser tanto, me apaciguo fiel a la idea de no serlo, de no ser. Y camino contenida, refugiada entre todas las cosas que no alcanzo y a las que tanto añoro.

     

    Hace días estoy callada

     

    …Y yo solo soy esa que te deja ir para esperarte otra vez…

     

    Hace días que estoy callada,

    aunque me han dicho que he hablado,

    ellos no lo saben porque como yo,

    no han tenido el valor de acercarse a mi silencio.

     

    Yo tampoco me he acercado al silencio de todos ellos,

    me he conformado con las superficies para evitar comprometerme;

    Que cobarde es esta quietud,

    ese miedo de verme en todos los espejos

    que nos acompañan hasta el cansancio,

    cada día en cada mirada.

     

    Porque el odio o el amor que nos inspira cada hombre,

    nos deja al desnudo,

    de cara a lo que si somos y

    que conservamos con recelo.

     

    Cada hombre es un libro

    abierto o cerrado pero un libro,

    que guarda la misma condición de alma solitaria y misteriosa,

    que susurrante aclama por ser leído.

     

    Yo ya no hablo porque tampoco escucho,

    Tendría primero que partir de mí,

    De esta que no he sido

    a ese lugar en el que habito desde hace días,

    tan ajeno a mi como a cualquiera,

    a ese mi cuerpo y mi ser,

    Engendrado en el olvido

     

    Olvido inscrito

     

    Donde esta esa impenetrable memoria que nos arrastra,

    Que nos lleva perpetuamente por caminos ya no deseados

    Donde esta esa esencia que nos alberga desde los primeros días

    Que nos lleva, en un caminar de dos sentidos.

     

    Donde esta la mirada perdida de tiempos antiguos

    Que se asombraba vislumbrando los milagros de la vida

    Donde esta eso que quería y que he perdido

    Por estar sobre las ramas, refugiada de mi propia semilla.

     

    Vislumbres

     

    Quiero llorar porque no es posible decir nada, hacerme escuchar, escucharse

    Somos objeto del camino ya transitado o el camino mismo que nos camina inagotable.

    Somos pura memoria incierta, diluida y esquiva para el recuerdo, para la palabra.

    Somos lo que fue, recuerdo sin recuerdo.

    Somos puente vivo que no desemboca a ninguna parte sino a si mismo.

     

    Pájaro en la ventana

     

    Hay un pájaro muerto en el techo de mi casa, venia volando con todas sus fuerzas para penetrar la fría ventana y se estrello.

    Hoy también me he visto en otros días como ese pájaro, siempre volando para buscar el espacio deseado y cayendo al encontrarlo.

    Es que todos somos como pájaros perdidos y nos diferenciamos en que algunos lo sabemos y otros lo ignoran.

    El hombre es un animal triste desde que le indicaron por donde y como tenia que volar.

    Ha perdido su hogar y es como un huésped en todos los lugares que frecuenta, es un extranjero y no tendrá patria mientras no se tenga a si mismo. La historia de la humanidad es la historia de su olvido.

    He odiado todo lo que sea sumisión y acatamiento, las mujeres que mas he amado han transgredido esa la ley tan generalizada, pero no he realizado ese amor lo he padecido en silencio, detrás de la carne, por debajo de la piel lo he contenido sin respirar, al estar inmersa en un sistema desnaturalizador, que me ha enseñado ha desconocerme y ha repudiar lo que en mi aparece como diferente a sus pretensiones. Ahora lucho con todas esas voces que me descentraron, lucho conmigo misma en un intento por deshacerme de estas.

    Hemos olvidado que antes de pensar sentíamos y que este sentir es la guía por excelencia del ser individual pues no necesita espejos. Desde muy pequeños nos dan un nombre y una lista grandísima de lo que somos, nos enseñan a vernos y a ver. Ese manual de instrucciones de naturaleza excluyente coloca al hombre en la posición de ser amado o de amarse dependiendo de la distancia o cercanía que asuma frente a esta. 

    El hombre busca ser comprendido porque no se entiende a si mismo como resultado de vivir simultáneamente en dos mundos dispares. En la mayoría de los casos su desarrollo consiste  en abandonar el propio y sobrevivir en el ajeno.

     

    Borrador fragmentado

     

    La meta es límite, esclavitud, es salirse del tiempo presente para anclar en puerto ajeno, desconocido al de nuestro ser momentáneo.

     

    Me invaden simultáneamente el hambre y la sed de no poder ser esta que soy sino otra, de vivir otra vida, de amar para dentro siempre de ida y huyendo.

     

    Yo te he hablado con una mirada, con mi rostro encendido

    Y es que me avivas sin yo saber ser tan viva, tan iluminada y llena.

     

    Ya alguien decidió por nosotros, por lo que somos y pensamos

    Y nos impidió ser cercanos. Somos semilla árida, desierta, desde que alguien hablo por todos sin adivinar que vendríamos.

     

    Yo quisiera cogerme, cogerte sacarnos de este puente que no cruza nunca al otro lado por ser circular. Viajar al otro lado sin voces que nos reduzcan a la misma imagen ya tantas veces plasmada.

     

    La vida del hombre es una elección. En sus primero días el hombre se libra de tal tarea, todo esta dado a el y se le presenta sin buscarlo, entonces este se encuentra en un estado de plenitud de la que el mismo no es conciente y esa conciencia que posteriormente adquiere tiene el costoso precio de la inconformidad que provoca la múltiple elección, porque la vida se torna para el hombre de tal modo que elegir algo es descartar infinitud de posibilidades, ya el ser tranquilo que vivía sin saberse vivo muere, se diluye en el trafico de las posibilidades.

     

    Humedad

     

    Y es tan normal sentir que la lluvia contenida en las oscuras y espesas nubes es la misma que habita desde hace días en mi, como un pequeño hilo de luz que se escapa por una pequeña abertura de una puerta entreabierta, así se escapan a veces en los días calurosos pequeñas huellas de mi caudal, disfrazadas de gotas indecisas y temblorosas.

    Es que a veces quisiera llorar mucho, mojar todas las cosas con las que habito para sentir que esa humedad envolvente se expande y deja de ser solo mía. Pero no, lo que hago es quebrar todo, volverlo ceniza y lamentarme con gritos callados por haber sido tan ciega. Tendría que haber nombrado esos silencios y haber callado esas palabras para no ser represa de mar ni de rió y no estar ahora al pie de una hoja exorcizando demonios.

     

    Retorno infranqueable

     

    Todas las mañanas me tomo un café sin pensar o tal vez pensando voy y lo compro, no porque aparezca en mi un nuevo deseo de sentir su aroma, su sabor, de sentir lo que soy mientras permanece vivo para mis sensaciones.

    Es el deseo ya no presente del primer día el que busco y trato de revivir inútilmente desde hace días, desde el momento en el que lo olvide cuando vi el fondo de la taza y ya era lo que había sido, añoranza eterna de lo ya sentido.

     

    Represa incontenible

     

    Alas déjenme volar,

    déjenme partir de esta raíz profunda,

    iluminada llama titilante ante el agua y viento de mi sed de ti.

    Yo quisiera aguardarte, que sintieras el temblor en mis brazos,

    en mi cuerpo, poder saberme sin tu ausencia.

    Encontrarme en la vigilia con tus ojos, para no despertar nunca más.

    Necesitaríamos nuestro olvido y tantas cosas más.

    Formar un círculo de tiza que nos incorpore en otro espacio sin recuerdo ni ataduras,

    para dejar de recorrer incesante este papel y perderme en tu cuerpo

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    6/27/2006

    Jaime Sabines

     
    "Me habló de la mariguana, de la heroína, de los hongos, de la llaguasa.
    Por medio de las drogas llegaba a Dios, Se hacía perfecto, desaparecía.
    Pero yo prefiero mis viejos alucinantes:la soledad, el amor, la muerte."
     

    Autonecrología V

    Te quiero porque tienes las partes de la mujer
    en el lugar preciso
    y estás completa. No te falta ni un pétalo,
    ni un olor, ni una sombra.
    Colocada en tu alma,
    dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
    leche de luna en las oscuras hojas.
     
    Quizás me ves,
    tal vez, acaso un día,
    en una lámpara apagada,
    en un rincón del cuarto donde duermes,
    soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya
    que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
    Quizás me reconoces
    como una hora antigua
    cuando a solas preguntas, te interrogas
    con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
    Soy una cicatriz que ya no existe,
    un beso ya lavado por el tiempo,
    un amor y otro amor que ya enterraste.
     
    Pero estás en mis manos y me tienes
    y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
    para secar tus lágrimas que lloro.
     
    ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
    me dirás que te amo? Esto es urgente
    porque la eternidad se nos acaba.
     
    Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
    con que amé tu cintura. No me dejes
    en medio de tu sangre en esa toalla.
     
    Los amorosos
     
    Los amorosos callan.
    El amor es el silencio más fino,
    el más tembloroso, el más insoportable.
    Los amorosos buscan,
    los amorosos son los que abandonan,
    son los que cambian, los que olvidan.
    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
     
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.
    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.
    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
     
    Los amorosos son la hidra del cuento.
    Tienen serpientes en lugar de brazos.
    Las venas del cuello se les hinchan
    también como serpientes para asfixiarlos.
    Los amorosos no pueden dormir
    porque si se duermen se los comen los gusanos.
     
    En la obscuridad abren los ojos
    y les cae en ellos el espanto.
     
    Encuentran alacranes bajo la sábana
    y su cama flota como sobre un lago.
     
    Los amorosos son locos, sólo locos,
    sin Dios y sin diablo.
     
    Los amorosos salen de sus cuevas
    temblorosos, hambrientos,
    a cazar fantasmas.
    Se ríen de las gentes que lo saben todo,
    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
    de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
     
    Los amorosos juegan a coger el agua,
    a tatuar el humo, a no irse.
    Juegan el largo, el triste juego del amor.
    Nadie ha de resignarse.
    Dicen que nadie ha de resignarse.
    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
     
    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
    la muerte les fermenta detrás de los ojos,
    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
     
    Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
    a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
    a arroyos de agua tierna y a cocinas.
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida
    Y se van llorando, llorando
    la hermosa vida.
     
    Como pájaros perdidos XII
    El secreto de Dios:
    Acerco sus labios a mi oído y no me dijo nada.

     

    Como pájaros perdidos XIX

     
    Como ahora no hay maestros ni alumnos, el alumno
    preguntó a la pared: ¿qué es la sabiduría? Y la pared se
    hizo transparente.

     

    Como pájaros perdidos XXXVI

     
    La policía irrumpió en la casa y atrapó a los participantes
    de aquella fiesta. Se los llevó a la cárcel por lujuriosos y
    perversos. Era natural. La policía no puede irrumpir en
    las calles y acabar con otros escándalos, como el de la
    miseria.
     

    Yo no lo sé de cierto

     
    Yo no lo sé de cierto, pero supongo
    que una mujer y un hombre
    algún día se quieren,
    se van quedando solos poco a poco,
    algo en su corazón les dice que están solos,
    solos sobre la tierra se penetran,
    se van matando el uno al otro.
     
    Todo se hace en silencio.
    Como se hace la luz dentro del ojo.
    El amor une cuerpos.
    En silencio se van llenando el uno al otro.
     
    Cualquier día despiertan, sobre brazos;
    piensan entonces que lo saben todo.
    Se ven desnudos y lo saben todo.
     
    (Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)

     

    Espero curarme de ti

     
    Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte,
    de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las
    prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo,
    abstinencia, soledad.
     
    ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No
    es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se
    puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado
    sobre la tierra y se les puede prender fuego.
    Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
    Y también el silencio. Porque las mejores palabras del
    amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
     
    Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo
    del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero
    cuando digo: "qué calor hace", "dame agua",
    "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"...Entre las gentes,
    a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde",
    y tú sabías que decía "te quiero".)
     
    Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
    Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras:
    guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve,
    es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas.
    Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio
    para entrar a un panteón.

     

    Hay un modo

     

    Hay un modo en que me hagas completamente feliz, amor mío: muérete.

     

    No es que muera de amor

     
    No es que muera de amor, muero de ti.
    Muero de ti, amor, de amor de ti,
    de urgencia mía de mi piel de ti,
    de mi alma de ti y de mi boca
    y del insoportable que yo soy sin ti.
     
    Muero de ti y de mí, muero de ambos,
    de nosotros, de ese,
    desgarrado, partido,
    me muero, te muero, lo morimos.
     
    Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
    en mi cama en que faltas,
    en la calle donde mi brazo va vacío,
    en el cine y los parques, los tranvías,
    los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
    y mi mano tu mano
    y todo yo te sé como yo mismo.
     
    Morimos en el sitio que le he prestado al aire
    para que estés fuera de mí,
    y en el lugar en que el aire se acaba
    cuando te echo mi piel encima
    y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
    dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
     
    Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
    entre los dos, ahora, separados,
    del uno al otro, diariamente,
    cayéndonos en múltiples estatuas,
    en gestos que no vemos,
    en nuestras manos que nos necesitan.
     
    Nos morimos, amor, muero en tu vientre
    que no muerdo ni beso,
    en tus muslos dulcísimos y vivos,
    en tu carne sin fin, muero de máscaras,
    de triángulos obscuros e incesantes.
    Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
    de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
    En el pozo de amor a todas horas,
    Inconsolable, a gritos,
    dentro de mí, quiero decir, te llamo,
    te llaman los que nacen, los que vienen
    de atrás, de ti, los que a ti llegan.
    Nos morimos, amor, y nada hacemos
    sino morirnos más, hora tras hora,
    y escribirnos y hablarnos y morirnos.

     

    No quiero convencer a nadie de nada

     
    No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de
    convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra
    su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la
    gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no
    demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios
    pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién
    es quién para decir "esto es así", si la historia de la
    humanidad no es más que una historia de contradicciones y
    de tanteos y de búsquedas?)
     
    Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de
    ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni
    afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad
    y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte
    es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.
     
    Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando,
    acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo
    posible!)
     
    Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de
    verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme
    caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.
     
    No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.